Biografía


ALMA-0106
“Si volviese a nacer volvería a ser Quijote y pondría mi alma en alcanzar sueños imposibles”. Ramón Cerezo.

 

 

Paisaje íntimo

Alma. 2019

Parte inmaterial del hombre con la que tiene conciencia de lo que le rodea y de sí mismo
y establece relaciones afectivas o intelectuales con el mundo material o inmaterial.

Esta es la definición de «alma» que nos proporciona María Moliner en su diccionario de uso del español,
y es el título que ha elegido Ramón Cerezo para el conjunto de obrasque acompañan a este catálogo.

«Alma» es el último peldaño de un conjunto de series escultóricas con las que Ramón Cerezo nos
ofrece lo más íntimo y depurado de su trabajo. Una especie de elixir, esencia o remedio maravilloso,
producto de su viaje más personal a un territorio indómito y desconocido. En esta serie, la
escultura se nos manifiesta como lugar de retiro para la reflexión y el aprendizaje. Una forma de
recreación de un paisaje mental que recuerda a los jardines zen japoneses utilizados como espacio
de meditación por los monjes. Lugares que son al mismo tiempo paisaje y arquitectura, y
que Rosalind E. Kraus consideró una forma expandida de la escultura, a la que denominó construcción
localizada 1 . Con este nuevo conjunto de obras, Ramón Cerezo insiste en un mayor
minimalismo, depuración y rotundidad en su trabajo escultórico. El viaje ha sido largo, intenso, y
no existe ninguna posibilidad de regresar a los orígenes; ha llegado el momento de ser más alma
que nunca.

En estas nuevas construcciones sigue estando muy presente la estructura modular de sus anteriores
trabajos, subconjuntos de cubos de 16 unidades, múltiple del número cuatro, que
como ya comentamos en el texto titulado «Coordenadas de la materia» 2 se encuentra en la
esencia de los fenómenos más importantes de la vida y nos relaciona con el espacio-tiempo.

En la serie actual, los cubos se abren hacia su interior para mostrar y evidenciar lo más íntimo,
la parte esencial de la cuestión. En algunos casos con orificios, como puñaladas realizadas sobre
la arpillera blanca. Estas prácticas nos remiten al mundo de Lucio Fontana y sus agujeros o
atajos sobre la tela de sus pinturas, con los que pretendía introducir la tercera dimensión en sus
lienzos y transformar materia en energía. En el caso de Ramón Cerezo, los orificios funcionan
como ventanas para sugerir e invitar a conocer lo esencial, lo más recóndito, lo más íntimo.

En el conjunto de cubos de acero enrejado, la herida no existe, la trama reticular del
material empleado nos permite contemplar plenamente el interior, se establece una
intercomunicación visual, pero no podemos apropiarnos de un mundo espiritual que no nos pertenece.
Esta ahí a modo de campo energético de aura invisible.

Otro ejercicio de la mirada es el sugerente conjunto de 16 cubos vacíos, pero al mismo tiempo
llenos de cantos de piedra caliza. Una pesada carga que evidencia y subraya el contraste
entre vacío y materia, mundo material y mundo inmaterial, substancia espiritual y evidencia terrenal.
Dos realidades de una misma existencia.

Una obra conceptualmente opuesta a la anterior sería el conjunto de cubos vacíos pintados exteriormente
con el color azul Klein, y de acero inoxidable en su interior. El azul simboliza la mente, el infinito,
la inmortalidad, y en su interior, si nos acercamos a mirar, sólo encontraremos nuestro reflejo,
nuestro espíritu. La obra es un compendio de la vida y de la muerte.

Pero quizás la obra más potente y rotunda sea la de los cubos de hormigón partidos, troceados.
Esta idea de deshacer y destruir lo construido previamente ya la experimentó Ramón Cerezo
en la serie Impactos (2018), espectacular y tremendamente sincera, con la que demostró hasta
dónde estaba dispuesto a arriesgar con su trabajo. Esa liberación respecto de la forma y su valor
representacional la vuelve a experimentar en esta obra, donde se aproxima a la poética de
destruir para crear. La obra permite visualizar el interior más recóndito y como diría Henry

Moore “… transmite algo de la fuerza y del poder de las grandes montañas. Tiene vida propia,
independiente del objeto que representa.” 3 Una vez más, Ramón Cerezo nos ofrece un juego recreador,
sincero, íntimo, para hacernos partícipes de su alma mediante un trabajo en el que el significado
emocional intrínseco de las formas son la expresión de la vida.

Paisaje íntimo

Victor Arrizabalaga Salgado
Durango 8 de Marzo de 2019

 

CEREZO-TALLER-0001

 

COORDENADAS DE LA MATERIA
Observando la evolución del trabajo de Ramón Cerezo de estos últimos años, uno no puede dejar de admirar su capacidad
titánica para emprender aventuras artísticas que sólo se hallan al alcance de los elegidos. Una y otra vez nos
sorprende con nuevas series que indagan la esencia del hecho artístico, el lugar y sentido de nuestra existencia en el
tiempo y el espacio.
Durante el período 2016-2018 ha trabajado en una trilogía formada por tres conjuntos de obras “El sueño de lo concreto”
(2016); “Impactos” (2017) e “Infinitos” (2018). Las tres series se caracterizan por la utilización del cubo como herramienta
constructiva para la realización de toda una serie de propuestas arquitectónicas y conceptuales, que requieren
de un gran virtuosismo técnico para su materialización.
En el último subconjunto denominado “Infinitos” llama la atención la preminencia del número cuatro y su cuádruple el
dieciséis. Conjuntos de cubos de dieciséis elementos realizados en diferentes materiales como acero inoxidable, hormigón,
madera, arpillera, etc. El número cuatro representa el cuadrado, la forma, los cuatro elementos, la materialización
de las ideas…
Curiosamente también son cuatro los elementos naturales: tierra, agua, aire y fuego; las estaciones del año: primavera,
verano, otoño, invierno; los puntos cardinales: norte, sur, este y oeste; las cuatro partes del día: la mañana, mediodía,
tarde y noche; las cuatro fases de la Luna. El número cuatro está presente en toda nuestra vida desde que nacemos
hasta que morimos y actúa de alguna forma como un GPS interior que nos orienta y relaciona con el espacio tiempo.
Es el número que define el equilibrio del cosmos. Existe una corriente filosófica de la rama epistemológica basada en el
cuatro, según la cual el origen del universo y todo lo que nos rodea forma parte de él.
Los cubos de Ramón Cerezo nos remiten a la naturaleza en sus diferentes estados, acero, madera quemada, hormigón,
arpillera, etc. y constituyen unidades autónomas de dieciséis elementos idénticos que forman cuadrados perfectos, un
ejemplo de orden y construcción sólida que simboliza el equilibrio material y espiritual. En algunos casos estos elementos
dialogan con conjuntos similares, pero de menor escala, situados en la pared sobre fondos monocromáticos
de color azul Klein, color este que se relaciona simbólicamente con la mente, con el infinito, con la inmortalidad, con
la armonía,… y se produce un trasvase del color a través de su reflejo en las piezas de acero inoxidable o a través del
pintado de las piezas de hormigón. Un ejercicio de superación de los límites impuestos por la construcción geométrica,
en forma de cuadrado, para trascender el espacio y conectar con el infinito. Este sería el nuevo reto de Ramón Cerezo,
una búsqueda de la armonía atemporal que nos permita vislumbrar lo desconocido.

Víctor Arrizabalaga Salgado
Doctor en Bellas Artes
Durango, 28 de octubre de 2018